miércoles, 11 de diciembre de 2013

La Chamana

Es interesante darse cuenta como las costumbres se van heredando sin que uno se percate del continuo plagio que es nuestra existencia; prueba de ello es mi café mañanero.
Antes de que cualquier suceso descomponga la naturalidad de mis mañanas, es preciso notificarle a la aurora acerca del milagro que es mi despertar con un buen café negro. Es un ritual casi mecánico, y es que, una vez que la maquinaria aprende a trabajar con cierto combustible, es casi imposible que se pueda echar a andar sin él.
Cierto día, el café desapareció de mi alacena y recordé que mi madre tenía las mismas costumbres, por lo que fui a buscar su auxilio. Ya con ella, le confesé la repetida manía que (según yo) le había heredado, pero en vez de aceptar la responsabilidad de sus actos, se lavó las manos argumentando que si ambos éramos esclavos de la cafeína, era por culpa de su madre, mi abuela.
Entonces todo tuvo sentido, los jarritos de barro, las mañanas frías abatidas por el famoso café de la abuela, el café soluble más glorioso, tan místico, tan misterioso y legendario que solamente una chamana podría conquistar.
Para algunos, Lupe. Para otros, "la Chica". Otros la conocían como "Chupa", "Chiquita", "Chamana" etc., para todos, era el pilar indestructible que sostenía el linaje que ella misma había creado.
Una mujer así de grande no podía caber en un mundo tan estrecho, así que con sus brazos fuertes de roble moldeó la tierra para que cupieran sus ocho hijos, e incluso, sus nietos.
Su alma era antigua como las catedrales, hija del campo abierto y los cielos despejados, ella no sabia de mapas pero sabia de caminos, ella no sabia de notas pero sabia cantar,  ella no sabia del tiempo pero sabia esperar, ella no sabia de zapatos pero sabia de terrenos, ella no sabia plomería pero sabia del agua, ella no sabia biología pero sabia de flores, ella no sabia medicina pero sabia curar, ella no sabia de gramática pero hablaba con todas las letras, ella no sabia psicología pero sabia escuchar, ella no sabia de moda pero sabia vestir,  ella no sabia de historia pero sabia tanto, tanto de la vida, que no existe libro que la contenga, ella no sabia de amor, pero amaba con la sangre.
Era la matriarca bondadosa, era la deidad femenina que gobernaba el paraíso de los humildes, era el rayo y las flores, el rugir de un volcán y el canto de un canario, era la furia de un huracán y la dulzura de un silbido, era una tormenta de arena y una gota de rocío,  era el filo de un iceberg y el aliento de un geiser, era un hermoso compendio de claroscuros, siempre fue así, pero todo reino por muy eterno que sea, esta condenado a quedarse huérfano, porque hay espíritus que nunca dejan de crecer y el cuerpo no los puede contener, y se fue, con los aires decembrinos, indispuesta a arrancarse una hoja mas de las ramas, dos días antes de su cumpleaños.
Pero mis lineas son incorrectas al decir que ella fue cuando aún, hoy en día, sigue siendo, sigue estando, sigue ahí, subiendo y bajando de la tierra a las nubes y viceversa, está en la lluvia, en un jardín verde y sano, en un patio enorme, en la música clásica, en el estambre, en las gardenias y en los lirios, en el perfume "Maja", en los canastos de fruta, en el atole de ciruela, en el chiquirirú, en los dulces de menta, en los eclipses pintados a mano, en Xochimilco y sus plantas, en la sopa de fideo, en un edredón bordado, en un altar familiar, en el café por supuesto y en ese verso que solo a ella se le escuchaba mejor que a los mismos Nocheros.
Me parece que esa boca esta a un paso de decir te quiero...

domingo, 24 de noviembre de 2013

No hay más que hoy

(A los renteros de mi corazón)

Hoy suena el último acorde, la última llamada, los últimos aplausos.
Hoy se encienden las últimas luces, se prenden las últimas fogatas, se cantan las últimas canciones.
Hoy mueren por última vez los caídos, respiran los sobrevivientes y se marchan los exiliados.
Hoy se abre por última vez el telón para resguardar del frío neoyorquino a un grupo de almas sentenciadas al destino que se trazaron con sus canciones, pero no nada más a ellos, también, es la última vez que un grupo de amigos, se congregan en el escenario donde construyeron su casa, donde se volvieron familia, donde siempre lo fueron sin saberlo siquiera.

Hoy no escribo ni por Larson, ni por Roger, ni por el "No day but today", hoy escribo por aquellos que, junto conmigo, entregaron durante tanto tiempo su aliento para materializar cada frase, cada nota, cada canto y se dejaron la piel en jirones en el escenario.

Ayer este viaje se veía lejano, largo, inacabable, de hecho, nadie pensaba en que este terminara, pero el tiempo es caprichoso y la dicha es efímera como la arena entre los dedos, y hoy, en un pestañeo, estamos a un paso de la mudanza, del "moving on", de ese camino ancho donde todos caminamos de la mano y hoy se rompe en muchos caminos individuales que van a destinos indescifrables.

Ayer, el mañana era lejano, mañana, el ayer será inmediato, hoy, sólo nos queda asegurar esa marca imborrable en la piel y el alma de cada uno de los involucrados, y cuidar con sangre que esas marcas no se borren de nuestra piel.

Hoy, hemos vencido al frío, al dolor, la soledad, el desamor, a las deudas, al silencio calcinante, pero más aún, hemos vencido al  futuro, a la incertidumbre, a las causas y los azares y aquí estamos todos los que teníamos que estar.

Esto no es una despedida, nunca he sido bueno con ellas, simplemente, cuando mañana sea ayer, no quiero quedarme con las palabras secas que nunca se dijeron, y ya lo sabes, sin ti, nada sería posible.

sábado, 9 de noviembre de 2013

En la sombra de la noche (canción)

En la sombra de la noche hay un camino
peligroso, sin retorno
un camino silencioso que da miedo recorrer...
y es que me siento tan solo 
que me espanta caminarlo o volver
pues me lleva donde nunca quise ir.

Caminando entre sueños y una que otra pesadilla,
entre larvas y entre gárgolas suicidas,
entre humo y entre lluvia de papel.

Así voy, dibujándome la ruta con ideas
ensuciando mis zapatos de esta mierda
esta mierda que no deja respirar.

Sigue la noche
en mi camino de oscuridad
lo recorrido 
se va incendiando con mi andar.

Así voy, aferrándome a seguir un paso recto
y al final voy terminando en un desierto
con paredes, laberintos de alquitrán

¡Solución!, encontrarle lógica a los pies del mundo
sin embargo sé que yo no soy el brujo
ese brujo que los pueda enderezar.

Sigue la noche 
sin rumbo fijo, sin señal
sigo perdido
en esta negra infinidad.

En la sombra de la noche hay un camino
peligroso, sin retorno
un camino silencioso que da miedo recorrer...
y es que me siento tan solo 
que me espanta caminarlo o volver
pues me lleva donde nunca quise ir.

Maldición, mi horizonte al parecer es el principio
como una órbita regreso al mismo sitio
otra vez el camino es circular
otra vez el camino es circular
otra vez, otra noche, una más...

miércoles, 6 de noviembre de 2013

Cataclismos de quietud



La marca del pecado se erguía en mi frente para anunciar que la profecía se cumpliría, y yo, hablaba de sueños y goces lejanos, de senderos hermosos que no había visto jamás, de colibríes pintados a mano, de cantos sublimes en dialectos ficticios. Hablaba de mi y de otro, de como soy cuando no soy yo, de la vida prolífica del artista bendito que recuerda como no tiene nada de eso, aquél que cuenta únicamente con la profecía anunciada de su grandeza y la profecía cumplida de su ruina, entonces el mundo entero volteó su mirada hacia mi.

¡Sálvese quien pueda de mi quietud!, porque ella no conoce de argumentos ni justicia, porque ella provocará (quizá sin buscarlo) un cataclismo de calma y el mundo se frenará de golpe, destruyendo al tiempo mismo, liberando los titanes griegos que bajo tierra aguardan por salir a reclamar lo suyo, y nadie se salvará. Tarde o temprano, cada uno se verá envuelto en esta maraña de pesadillas en las que siempre aparezco, tarde o temprano pagarán la factura de conocerme.

Quien confíe en mi será el primero en perder el juego, aquella que me toque arderá en su inocencia y quien dude, no importa, porque soy un espejismo de bordes afilados, que no buscan herir pero están hambrientos de sangre, porque soy el medio por el cual las casualidades hacen de las suyas y voltean el cielo de cabeza. Yo mismo soy mi juez y parte, mi víctima y victimario, mi amigo y enemigo, mi miedo y valentía, mi Silvio y mi serpiente, y en medio de esta guerra, destruyo ese universo que se ha creado dentro de mis ojos, en el que estas tú, en el que estoy yo. Y de pronto, oscuridad y silencio.

Pero en lo que todo esto ocurre, me dedico a quebrar y reparar el espejo del baño, ese maldito que nunca me miente, por eso lo odio, por eso lo amo.  Me dedico a esconderme de los reflectores que me señalan, de las bocas que me nombran, de los corazones que me odian, que me quieren, que me duelen. Me dedico a entender esta broma torcida de la vida, porque unas manos capaces de crear de tantas formas distintas, obviamente tienen el "don" de destruir con la naturalidad de un respiro.

No soy perfecto, lo sé, y pido perdón por cada mañana roto, pero eso de que el planeta entero me mire con desagrado y rabia, me sabe tan amargo como un expreso triple, sí, así de rico, como la muerte misma.



miércoles, 25 de septiembre de 2013

Una de nosotros

(Para Nat, por sus veinticuatro nuevos comienzos)

Por mano propia exiliada
urbana en campo abierto
cómplice de madrugadas
encantadora del tiempo.

Tan joven como una niña
dueña de un alma añeja
como quien pinta en un muro
la puerta que abierta se deja.

Extraña de toda la vida
íntima de verbos suicidas
cantora de dioses paganos.

Prófuga de la memoria
juez y parte de su historia
fiscal de sus abogados.

Criminal de su propia suerte
víctima de su rebeldía
lo mejor es que es inocente
lo peor es que ya lo sabía.

Nadie ha sabido vencerse
y brindar por su victoria
ella ha logrado perderse
para encontrarse en la gloria.

Ni de allá ni de aquí, eso se sabe
tan de todos, tan de algunos, tan de nadie
que no falte el café ni el cigarro adjunto.

Que no falten nunca los comienzos
revela el secreto de los maestros
"ol yu nid is lob" y punto.

domingo, 15 de septiembre de 2013

Una cucharadita de azúcar

Ella siempre estuvo muy adelantada a su época, quizás por esa razón nació un día antes de la Independencia, para no verse sumergida en esta repugnante y nauseabunda farsa, para que su grito de guerra se escuchara en todo su esplendor, hasta que poco a poco se apagara su eco, para no filtrarse con aquél que el presidente da a su rebaño, y así, perderse en el olvido.

Desafortunadamente la conozco más por la historia que por la memoria, afortunadamente pude conocerla, al menos lo suficiente para que pudiera medrar en mí con su partida, lo suficiente para dejar un hueco profundo en mis entrañas y así poderla recordar con una sonrisa agridulce, de esas que duelen y gustan, como de aquél que piensa en un amigo que vive al otro lado del mundo y sonríe, porque cruzó las fronteras cotidianas, pero duele profundo no tenerle ahí.

Yo la recuerdo como a un guía espiritual, como una sacerdotisa, envuelta en túnicas blancas, subiendo y bajando las escaleras de la casa donde crecí, dando consejos y escuchando pacientemente relatos, sentándose a la mesa con nosotros, los mortales, y compartiendo los alimentos. Ella hacía una especie de ensalada verde (como buen guía espiritual) en la licuadora, cuya textura era pastosa muy, muy verde, y picaba más que un expreso de habanero; la odiaba con toda el alma. Pero para compensar, ella y mi madre unían su magia y podían transformarme en un Power Ranger, en Jorge Campos o en Michael Jackson entre otras cosas locas. 

Tenia unos ojos serenos y amorosos, nunca se encontraba una mueca de disgusto en su rostro y sus brazos siempre estaban bien abiertos, incluso en sus últimos días, pese al dolor, siempre me regalaba las miradas mas dulces y cálidas que en la vida he recibido.

Ella es culpable de dedicarme a las canciones, la primera se la escribí a ella, en un lapso de dos semanas, una antes de morir, una después. Ese domingo salió el sol pero hacía frío, juro haber escuchado campanas en mi almohada toda la noche, como un augurio de una tragedia con final feliz. Todo se rompió, los mapas se quebraron dando a luz continentes que no habrían de encontrarse nunca más, todos nos quedamos huérfanos, mi padre de madre, mi madre de suegra (y segunda madre) mi hermano y yo de abuela y el mundo entero de ella.

Era tan comprometida en su amor, que aún después de su partida solía hablar conmigo, escucharme más bien. Nos sentábamos en las escaleras y charlábamos por horas y horas, de mi vida y de la suya, de esta vida, de la suya, y cuando oscurecía volvía a su hogar y yo al mío.


Me solía dar hipo muy seguido cuando niño y ella me lo curaba con una cucharadita de azúcar, amaba el hipo por esa razón, a veces incluso, fingía el hipo solo para que me diera esa cucharadita de azúcar. Creía que ella ingenuamente compraba mi mentira, hoy se que yo me compraba la mentira de que ella no sabía, pero no importaba, así eramos felices.

Hoy en día aún me da hipo, me gusta pensar que es su forma de decirme "hola, ¿cómo has estado?".

Gracias Yeya, feliz cumpleaños, ya te daré tus abrazos en algún jardín, verde, hermoso, infinito...

martes, 3 de septiembre de 2013

El peor de los adultos

Había un niño pequeño a la espera de mi sentencia, con los ojitos tristes bien abiertos, observándome, ahí, vulnerable, con la carita sucia y las ropas desteñidas, como el retrato perfecto de la inocencia congelada.
¿Cómo iba yo a saber que andaba siguiendo mis pasos?

No recuerdo muy bien cuando fue la última vez que reparé en él, quizá aquella en que vi por vez primera "Hoppipolla" de Sigur Rós, o esa otra en que lloré con el final de Toy Story 3, aunque podría ser también, hace unos días, mientras llovía a cantaros. Yo fumaba un delicado desde la puerta que da a la terraza, y ahí, afuera, estaba él, descalzo, saltando en los charcos, riendo, jugando con el agua, abriendo los brazos al cielo como quien recibe un regalo celestial, como quien abraza a un ser querido después de años de no verle.
Entonces me miró, y sonrió con el rostro mas apacible y puro que he visto jamás, y con un ademán de su mano, me invitó a salir a la lluvia y jugar con él, como alguna vez lo hice cuando niño.

Le expliqué que no podía, por muchas razones, porque tenía función el fin de semana y no podía darme el lujo de enfermarme, porque el suelo estaba sucio, porque hacía frío, porque tenía muchos pendientes por atender, porque ya no era un niño. Entonces su sonrisa desapareció y me miró con la lástima que hincha la mirada de la gente cuando ve un cachorro hambriento, me miró con unos ojos ahogados en tristeza y agonía, como si yo fuera un enfermo en etapa terminal.

Esto me molestó sobremanera y entré a la casa cerrando la puerta con un golpe seco, observando como el niño, llorando amargamente se recostaba en el suelo para dormir bajo la lluvia. 
De entonces no recuerdo haberle visto , aunque de alguna forma esperaba que ahí estuviera.

Desperté con un fuerte dolor en el pecho, me levanté con la boca seca y la espalda destrozada, me miré al espejo y eso no era yo, o al menos, no me recordaba así, con los párpados caídos, los ojos apagados, el rostro arañado por los años y la expresión de un adulto que nunca quiso serlo. Café y cigarro como desayuno, acompañado de Aristegui dando cuenta de las plagas del nuevo día. Un baño tibio, no se si por el calentador fallando o por mi cuerpo haciendo lo mismo. Salí y el mundo era más hostil que de costumbre, los autos eran como manadas de depredadores hambrientos, el ruido cincelando mis sienes, las luces golpeándome de frente sin poder respirar, todo era una mala orquestación de cotidianidades juntas, sin ritmo ni batuta, taladrando hasta la más pequeña fibra de mi ser. Fue entonces que recordé que antes era distinto, cuando niño, solía usar los sonidos de la ciudad y los tejía en melodías únicas e irrepetibles, me levantaba con una sonrisa en la boca y el cuerpo caliente y liviano, desayunaba canciones y rimas que cantaba antes de salir al mundo, dibujaba en las paredes, dormía en los jardines, corría tras el viento, escalaba los volcanes, acariciaba las nubes, cerraba los ojos para poder ver, respiraba aire puro, caminaba al filo del horizonte, abría los brazos al cielo esperando un gran regalo, jugaba en la lluvia y era feliz sin saberlo.

¿A dónde fueron esas habilidades?, ¿Dónde las perdí? Solamente alguien podría decírmelo.

Así que corrí y corrí, recorrí el cielo, la mar y la tierra en su búsqueda, levanté los asfaltos y me perdí en los parques, le busque en el ruido de la cuidad y en el columpio del camellón, en el día y en la noche, en el sol y la lluvia, pero sin éxito, pareciera como si hubiera vuelto a ese mundo mágico al que pertenecía, al que quería llevarme borrando cualquier rastro de su existencia.

Lo extraño mucho, demasiado, si pudiera mirarlo de nuevo y pedirle perdón por esto que soy, por lo que no pude ser, lo haría una y mil veces, y si tuviera la dicha de perdonarme, me arrancaría las botas de los pies y le salpicaría golpeando en el charco mas profundo mientras la lluvia sigue su lenta caída.
Me propongo, cada tarde, preparar chocolate, prender el calentador, dejar un par de toallas en la entrada y ponerme las sandalias, por si decide volver, quiera quedarse a jugar conmigo
para siempre.

martes, 27 de agosto de 2013

Luces y sombras

Constantemente me pierdo de mi mismo, me escondo, me aparto, me abandono, y salgo al mundo completamente olvidado de mi. Avanzo, observo, respiro y me miro en los espejos sin poder mirarme, estoy y no estoy y sabrá algún dios sabio en donde me encuentro.

Pero este abandono termina cuando subo a un escenario, porque ahí, sobre de él, estoy yo, sentado, esperando por mi. ¿Quién se perdió entonces?, ¿aquél que me espera sobre el escenario o el ingenuo que escapó a un mundo gélido e infértil?

26 de agosto, es una fecha que le dió un sentido interesante a mi vida, porque mundialmente se festeja al actor, a la actriz, y al mismo tiempo, a las compañías enteras, y a mi, ¡cómo me gustaría ser actor!

Estos seres de luz y sombra que han entedido la frivolidad del cuerpo físico, y con esa humildad, se lo prestan al personaje que los requiera haciendo un milagro irrepetible en el que convergen fuerzas indescriptibles, rayos catódicos y un frenesí que hierve la sangre.

Nunca se vuelve a ser el mismo después de interpretar un papel, cada personaje queda grabado en el alma como un tatuaje permanente, como un sello postal que indica por donde se ha viajado.

Pero no solamente ellos sufren estos hallazgos, también aquellos que bajo el escenario viven y respiran el mismo aire que esos personajes "ficticios" que en ese momentos son mas reales que la realidad fuera del teatro, los espectadores que se permiten entregarse y se funden con los actores en un big bang que los mata y renace en cada función.

Las luces, el calor, el frío, las sombras, el sudor, la fuerza, el cansancio, los ensayos, la memoria, las sonrisas, el llanto, el drama, la comedia, los guiones, la música, las canciones, la vida, la muerte y los aplausos.

No hay muro que no se pueda romper, ni idioma que no se pueda interpretar, no hay límites y barreras, no hay rincón del alma que un actor no pueda acariciar.
Mis mejores amigos son actores, quizá por esa naturaleza volátil y camaleónica, o tal vez porque han entendido como yo, que la vida inicia y acaba al subir y bajar de un escenario.
¡Feliz día de las y los actores/actrices!

martes, 20 de agosto de 2013

De enero a diciembre (canción)

 








Me he dado por vencido de tantas derrotas
he vuelto a tropezar por meter el pie
me perdí los colores del arcoiris
por buscar el tesoro al final de él...

Te pido me perdones por las despedidas
en las que nunca compro el cheque del tren
más lástima me dan todas las mentiras
que tuvimos de ayuno por perder la fé...

Aprendí que el amor suele cegar el alma
¡y tan feliz que era por imaginar
que yo era libre al menos dentro de mi jaula!
pero con las alas rotas ¿quién quiere volar?

Y aprendí a vivir con la capa caída
a aguantar los humores del temporal
guardado en reposo de tu boca dormida
y en la sala de espera donde solía esperar...

Lluvia de ceniza, nieve color malva
balas de mentiras, besos de salva
sábados sin gloria, domingos de drama
orquestas sin batuta, bocas sin palabras...
copas de veneno, crímenes de guerra
truenos en el cielo, juicios sin sentencia
anillos y esclavas, facturas pendientes
y la cuesta de enero... de enero a diciembre.

Te absuelvo del pecado en que nos hicimos
también de aquellos que no podrán ser
quisiera haberte dado más que los enemigos
que éramos tu y yo desnudos al amanecer...

Y ahora que solo nos quedan las migajas
de un crudo corazón a medio comer
más vale ir definiendo todas las distancias
antes de apostar y perder la muerte también...

Olvidé el sabor del café caliente
y a hacernos del amor un arma nuclear
de esas que sobreviven solo los valientes
que no cierran los ojos cuando va a estallar...

Ya no se encontrarte entre las multitudes
ni en las notas del réquiem por esta nación
ni en los escombros que dejaron todos los derrumbes
ni en los sueños que invento en la habitación...

Certeza en el limbo, tacto de acero
me falta vino en el tintero
promesas rotas, años perdidos
naipes truqueados, lenguas con filo...
tierra quemada, sol con granizo
cuerdas arqueadas fuera de quicio
candados sin llave, pupilas con fiebre
Caín y su signo tatuado en la frente.

Lluvia de ceniza, nieve color malva
balas de mentiras, besos de salva
anillos y esclavas, facturas pendientes
y la cuesta de enero... de enero a diciembre.

jueves, 15 de agosto de 2013

El llanto del amanecer

Prendo otro cigarrillo con la colilla del anterior y observo el humo desintegranse camino al cielo, igual que haré yo. Cada bocanada es un breve ensayo de mi propia muerte.

La tetera anuncia el último café de la noche (o el primero del día, según se quiera ver) como el último tren da aviso de su partida y yo solo tengo dos opciones: olvidar el café, subir al tren y dormir un poco o beber el café con otro cigarro, mientras observo como el tren se convierte en un punto y con él se va otra noche sin dormir.

De cualquier forma no tengo mucho sueño, ni boleto para el tren. Además, su ruta dista mucho de algún lugar donde quiera pasar mis noches, al menos aquí tu recuerdo persiste.

Lo se, aquí tampoco estas pero se conservan tus vestigios, tu pipa, tus libros, tu taza y tu olvido, y con ellos me consuelo. De fondo, Elgar, escribiendo la partitura que no terminó nunca, el vertiginoso acorde de Serrano y Damien Rice dibujando un elefante.

No son tan malas estas madrugadas sin ti, de hecho, casi disfuto este dolor de no tenerte, este frío congelado en el tiempo desde que no estas, combina bien con el humo.

Ya se, ya se, a este ritmo me agotaré bien pronto, pero ¿cuanto más?, prefiero consumirme como una vela encendida, de golpe, sin pausas, como un incienso.

Te imagino, me imagino, nos imagino, como antes, cuando acudíamos al mismo sitio, a la misma hora, a construir un puente que cruzara de mi noche a la tuya para esperar el amanecer y ocultarnos de las sombras. Ahí estoy, justo en medio de ese puente, pero solo.

¿Cómo es posible que todo luzca igual?, ¿cómo puede ser que el aroma sea el mismo?, ¿porque no ha caído, ahora que no estas?, todo sigue igual como lo dejamos, solo que tu noche, ya no se encuentra al otro extemo.

Quiero llorar, pero no puedo, y me aferro al café como si fuera un poste en un huracán. De pronto,  un llanto que no es el mío me arrebata de este trance, por desgracia no eres tu, llorando de alegría por volver, es el hijo recien nacido del vecino de arriba, quien despierta a la misma hora, todos los días, tres minutos antes del amanecer.

Hay que preparar más café, que ya casi es hora del desayuno.

lunes, 12 de agosto de 2013

A rodar mientras se pueda

(Para la Jime)

La ciudad libra una feroz batalla contra una epidemia que amenaza su rutina y desafortunadamente, poco a poco, la ha disminuido a pequeños, casi inofensivos brotes que luchan por su supervivencia.

Usted quizá, alguna vez vio alguno de estos bichos; de cuerpo metálico, un cráneo con dos cuernos, uno de cada lado,  abdomen fuerte con una protuberancia leve en el lomo, un par de ruedas con las que andan, y algunos, con uno o dos ojos fijos, una garganta que timbra o exhala graznidos y un par de luces brillantes en su frente y en su rabo. Extraños animales que algunos "salvajes" aprendieron a domesticar para poder desplazarse. Su nombre: Bicicleta

La osadía de montar uno de estos monstruos se paga caro, pues, el mundo ya no guarda espacio para ellos.

Las calles, avenidas, glorietas y demás escenarios donde en tiempos añejos las bicicletas podían andar libres se han convertido en un campo de batalla, donde el ciclista siempre lleva las de perder, porque obviamente, el mundo moderno es para los autos, los motores, el combustible, el smog.

Un ciclista ya no puede andar tranquilo, porque a los ojos del salvaje río de concreto no vale demasiado, tiene que cuidarse constantemente de los depredadores que le acechan, de los caminos cerrados, y la velocidad. Ya ni siquiera uno puede elegir una bici hermosa, por miedo a ser secuestrada, uno debe conformarse con traer un cacharro, feo, jodido, anti-robo.

Pero ¿cómo es posible que la gente olvide esa sensación? La sensación de pedalear y sentir como se abandona el suelo, esa fusión a lo Avatar de James Cameron entre la bici y el individuo, la fuerza del aire chocando contra el cuerpo y ese poder inigualable de dejar los pulmones subiendo una pendiente para abandonarse al vacío al comenzar a descenderla.

Espero francamente que la ciudad sucumba al poder de las bicis, que no se acaben los caminos para dos ruedas. Si tu, que lees esto, tienes una de ellas olvidada en el garage; limpiala, arreglala y disfrútala, así como ella te disfruta a ti. Nada es mas triste que ver una bicicleta olvidada en la desgracia. Al salvarla, salvas también
a ese niño que te grita desde adentro.

sábado, 10 de agosto de 2013

De esta pesadilla ¿despertaré?

(Para los rentos de mi corazón)

Los 90's, nos dejaron como herencia un abanico de hallazgos, algunos más afortunados que otros, desde un rabioso y vulnerable "Curco Bein" hasta esos empalagosos merengues de Locomía, los imposibles juegos del Nintendo, Friends, las gemelas Olsen y la era dorada de los Simpsons, una gama de colores brillantes, la mejor música en inglés y el ocaso de la última generación que supo disfrutar de los amigos sin necesidad del internet.

Pero uno de esos hallazgos me fue completamente ajeno hasta hace unos cuantos meses; "Rent", así es, el refrito moderno de "La Bohéme" de Giacomo Puccini, ese mediano musical semi rockero chapado en drogas, sida, bohemia y amigos que no tienen una mínima idea de lo que quieren o hacia donde van.

He de confesar que nunca fui un gran seguidor de esta obra de Jonathan Larson, ni siquiera un seguidor mediano, es más, cuando mi hermano logró convencerme de ver la película, tuve suerte de no dormir a mitad del primer acto. Y es muy probable que mi indiferencia se debiera a mi aversión a los musicales, desde Disney los sufro (irónico para alguien que vive de hacer canciones).

Pero la vida da giros muy burlones, y justo a mi, el malencarado enemigo de los musicales "brodwerianos", vino a ponerme dentro de esta historia.

Sorpresivamente, a base de lecturas de guión, ensayos y ensayos de canciones, análisis de personajes y dosis altas de café y cigarros, pude encontrar pequeños tesoros dentro de esta historia, así como un explorador encuentra el santo grial en una caja de arena.

A mi parecer, muy en el trasfondo de este cuento neoyorkino, la fibra más interesante, es cómo todos los personajes viven rodeados por el velo de la muerte, están aquellos, los heridos por el sida, personajes consientes de su efímero paso por el mundo y su distinta perspectiva hacia ese doloroso final.

Porque ¿cuál es la postura correcta ante este facto?, ¿el miedo?, ¿la rabia?, ¿la tristeza?, ¿la derrota? y así esperar que la muerte venga, toque a la puerta y la dejemos pasar, como quien espera a un invitado o a un nuevo roomie, como un criminal espera a que las esposas lo lleven a la celda de la que nunca saldrá. O por el contrario, sentir la urgencia de vivir cada minuto como el último, dejar que la locura tome el control y elevar al máximo las experiencias, los placeres, la sublimación en el exceso, dejar que el corazón se entregue sin pensar en mañana.

Y es que, ¿será más fácil acaso aceptar el fin cuando nada te ata a este sitio por abandonar o cuando no existe alguna asignatura pendiente en tu lista de quehaceres?.

Pero también están aquellos que se quedan, los testigos de un entorno que se mueve, que se renueva, los malditos que ven caer y desaparecer a sus seres queridos (que también definen un poco lo que ellos son) así como quien mira como se derrumba el jardín donde jugaba con sus amigos dando paso a un centro comercial. Los que sufren, tal vez un poco más, porque se quedan, porque sobreviven, pero al mismo tiempo mueren varias veces.

Los que se van, se van y sólo viven en la memoria, pero se llevan un poco (o un mucho) de quien se queda; los que se quedan, son como una escultura rota, que sabe que al final de su propio relato, nadie asistirá a su entierro, nadie lo velará, porque todos se marcharon mucho antes. ¿Cómo aceptar un futuro impregnado en una soledad irremediable?

Hay quien se derrite por sus canciones, por sus historias de amor, sus chistes, la ilusión de belleza que dibuja "la vida bohemia", incluso toda la parafernalia detrás de esta puesta en escena, sin embargo, lo que más rescato yo es este choque de visiones, que parten de distinto sitio pero se estrellan en el mismo muro. La muerte nos rodea todo el tiempo. Incluso su autor lo reafirma, al morir una semana antes de su estreno.

Quizá me hubiera gustado ver más a fondo esta cuestión, sufrir con los personajes ese deterioro, físico y espiritual, esa desesperanza, ese temblor, esa sequía en la garganta, esa pequeñez humana ante lo que no puede controlar, esa mortalidad. Creo que le sobra un poco de romance y le falta más crudeza.

En conclusión, el buen Larson nos dió una historia llena de buenos matices, de vibrante música y personajes entrañables, pero quizá, lo maravilloso de Rent es lo que no se muestra directamente en escena, es todo ese dolor que se oculta detrás del escenario, ese crudo trasfondo que solo puede palparse si uno se permite ir mas allá de los bellos acordes, toda esa realidad que se oculta detrás de una frase en apariencia simple: "No day but today".

¡Gracias, Jonathan Larson!





viernes, 9 de agosto de 2013

Diávolo (canción)

Otra cama conquistada
otra presa devorada que se va sin mi,
otra lámpara encendida
cuatro botellas sin vida secas de elixir,
el sabor suyo en mi boca
se ahoga en un vaso de vodka, es mejor así
y de nuevo ya en la calle
donde no me espera nadie esperaré por mi.

Es quizá tara inmadura
ir en busca de aventuras y sobrevivir
a la sombra de una oscura
fría y cruda partitura que no quiero oír
si tú quieres un amante
con estilo y elegante lo puedo fingir
seré el caballero andante
de quien sea tan ignorante por creerlo así.

Sin embargo a últimas fechas
después que enciendo la mecha
no consigo, no preciso
estallar y dar la vuelta
a este capítulo tan obvio
donde aguardan mis demonios
incendiando el universo
cada vez que abro los ojos.

Cada vez, doy un paso más
lejos del umbral...
en donde por primera vez
te pude escuchar, te pude observar
exponiendo mis heridas
derrumbando mis heridas
dando luz y sombra a la verdad.

Soy un gemido al oído
un cobertor que quita el frío, un espasmo, un riff
una historia sin latidos
sin memoria ni apellidos, un encuentro, un desliz
un recuerdo innecesario
una herida en cada labio en el que dormí
soñando beberme el alba
en la espalda de una dama que ya no está ahí.

Sin embargo ya no puedo
seguir cultivando el miedo
de encontrarme vulnerable
cuando escape del espejo
este bicho infrahumano
que me tiene condenado
a incendiar el universo
cada vez que doy la mano, y...

Cada vez doy un paso mas
lejos del umbral en donde por primera vez
te pude encontrar, te pude escuchar
diciéndome que...
Cada vez doy un paso mas
lejos del umbral en donde por primera vez
te pude encontrar, te pude escuchar
diciéndome que...


Las Primeras Faenas


(Para Lau, gracias por animarme a abrir este pozo de los deseos)

Me he visto sumergido en un claro de muros, de columnas de papel y tinta, que cierran la vista al horizonte.

Las palabras que reposan en su cima esperan ser cantadas, tienen tanto que decir, tanto que contar, tanto tiempo, aguardando por su acorde azul que las rescate del anonimato, que la eleve más allá de donde la vista alcanza para lanzarse en caída libre contra la tierra fértil, y así no morir nunca.

Así es, tienen miedo de morir, porque esos muros no son eternos, son más vulnerables que altos, y el tiempo, el olvido y la lluvia los corroen, los disuelven en arena, que todos pisan pero nadie ve, nadie lee, nadie escucha, nadie vive ni respira; y cuanto sean abatidos, las palabras atadas a ellos sufrirán el mismo destino.

¿Qué haré cuando las palabras me abandonen?, podría construir nuevos muros, pero al final, igual que yo serán polvo y mis palabras silencio, lo que me remite a La Cuestión inhacible: nunca aprendí otro oficio que el de tejer palabras en canciones, pero si nadie las escucha, ¿qué será de mi cuando la tinta deje de fluir por mis venas?, ¿quién salvará mis escritos?, ¿a dónde van los versos?
Ya no se bien si lo que me preocupa más son las palabras nonatas o las palabras olvidadas.

No me gustan estos muros, porque son efímeros en si, así que puedes venir, de tanto en tanto, y llevarte una palabra, un verso, una plegaria, antes de que la oscuridad devore todo y este reino sea la tumba de las plegarias.