
"Fue terrible aquél año" decía Rodolfo Serrano convertido en canción por su hijo (una de mis favoritas, debo apuntar) y yo la cantaba como un niño, inocente y ajeno a la cruda verdad de esas palabras, ojalá todo se hubiera quedado asi.
2017 fue sin lugar a dudas el año mas convulsionado de mi historia, ese capítulo inenarrable, la pagina manchada en sangre de una carta suicida, esa canción que te saltas porque te desgrana la memoria.
Llego a este lecho de muerte malherido y exhausto, con la respiración jadeante y los ojos hinchados en moretones, con los huesos rotos y la piel hecha jirones; pero vivo. Y es que sobrevivir este año fue una hazaña, fue una victoria digna de ser escrita.
Recién nacido, este año me arrebató a uno de mis pilares, a uno de mis maestros, a mi aliado, mi amigo, mi hermano, mi Nano del alma, y con él se fueron las canciones por cantar, se fueron los mañanas, los quizás, los cafés, los juegos y todas las maravillas agendadas. Se fue un futuro maldito por postergar. La muerte fue protagonista de mis tormentos este año, muchas muertes, todas ellas. Con diferentes atuendos y diferente voz, pero con el mismo efecto.
La muerte me robó la calma, se llevó a mi amigo y ella se quedó, rondándome en la sala, llevándose pequeños tesoros de vez en vez, casi sin que yo me diera cuenta.
Incluso, en una ocasión me susurró al oído y acarició mi cuello. Pude sentir la fiereza de su heleada voluntad en un disparo de plomo, mordisqueando una existencia y destruyendo familias, quebrantando inocencias y augurando plagas y males. Maldita muerte, sacudió a mi ciudad sembrando el caos y la desesperanza, llenando de una profunda incertidumbre el corazón de cada persona, derrumbando la fe a ratos y sepultando porvenires.
El amor es eterno mientras dura, pero el amor no siempre basta y todas mis deudas cobraron factura dejándome desnudo en medio de la niebla. Mudo, sordo y ciego ante el árbol de la vida. Decidí exiliarme en el abandono, en la horfandad de un hogar clausurado, de santuario derruido. Olvidado de mi, olvidado de todo.
Por eso llego hecho un pingajo de ser humano a este fin, a ver a este año agonizar dando sus últimos estertores con una mueca doliente completamente irónica, porque no paró de sonreír de manera torcida cada vez que el dolor imperaba.
Lo observo sonriendo yo también, porque no me mató, porque le sobreviví.
Verás, mi hermano partió de manera súbita, pero llegaron los aliados a no dejarme caer y me dieron su mano y sus armas para enfrentar semejante dragón. Yo, protegido por el aura de mis aliados he aprendido a compartir la pieza con ése dragón, nunca podré derrotarle pero él a mi tampoco, solo nos queda resignarnos a vivir uno a lado del otro. Pero además, como en cada tormenta que escampa, llega el dulce olor del petricor derramando su húmeda bendición a los caídos y en este caso, en forma de un familiar que no es de mi sangre. Aquella que moldeó en gran medida a mi hermano, apareció para hacer lo propio conmigo, germinando amor donde sólo cabía el ardor de una ausencia. La muerte tampoco pudo ganar aquí completamente. La vida sí.
¡La vida sí carajo! Porque cuando mi ciudad se fracturó la espina las manos se desbordaron en ayuda. El amor por vivir nos convirtió en un manojo de héroes sin título que salvaron las vidas de los afortunados y trazaron el camino de partida con velas y sal para aquellos que no lo fueron tanto.
La vida sí, porque en medio de la noche más oscura las estrellas se aprecian con mayor intensidad, en medio del silencio un latido es el himno del mañana retumbando en la bóveda celeste, en el nivel más profundo del vacío no se puede descender más y solamente queda proyectarse al infinito.
No se mucho del amor, solo se que él fue quien me mantuvo vivo. Solo se que pude verlo y sentirlo en las cuerdas de mi guitarra, en los brazos que me rodearon incendiandome el pecho, en las huidas furtivas del mundo exterior y en las vueltas a casa, en la sonrisa de mi hija y su vida hambrienta por crecer y ser, en las charlas nocturnas que acabaron siendo diurnas, en mis amigos velando por no velarme, en los ojos redondos que me miran con amor, en las manos que acarician mi rostro como la brisa del otoño, en los cómplices y en los dealers de fe, en un auto conduciendo al infinito, en mis padres al conservarse fuertes y sabios, en mi hermano sanguineo quien es mi soporte y cómplice mayor de mi espontanea alegría. Esta en las personas que amo y me aman, en cada una de ellas. En un café intenso, al que espero y me espera.
Al final, este maldito año fui Sísifo y la vida mi roca, asi de bello y terrible.
Ya te puedes ir 2017, nunca regreses, levanta todo y no me dejes destruido mi espacio. Te detesto pero te agradezco tantos contrastes que han permitido entender tanto, de mi, como del mundo. Vete y no regreses, pero que no se malentienda, porque podré odiarte, pero estoy en paz contigo. Al final, todo me llevó a romper el cascarón de concreto que me protegía de tanto ruido y dejarme permear por todo, como antes, como siempre, aunque duele pero vale la pena.
¡Salud !