De regreso al D.F. el caótico ruido de la ciudad me perturba.
Es una fortuna el no haber visto como te devuelves a la tierra, a la que volvemos todos, a la que tantos temen, y lo digo porque ya no podía más con este día de ficción, o al menos eso quisiera, que fuera ficción.
Te conocí en las circunstancias más inusuales pero lo que importa fue el que te conocí, no tanto como me gustaría, pero sí lo suficiente para arrancarme un jirón del corazón.
Tienes suerte ¿sabes?, porque este mundo se pone cada día más fétido y sucio, su decadencia solamente se incrementa y la desdicha devora cada punto cardinal, pero tú, no tendrás que mirarlo, no tendrás que sufrirlo, no tendrás que padecer hambre de ninguna índole, no tendrás que ver cómo la ciudad se derrumba, cómo los tristes se ponen mas tristes y los malvados se hacen famosos, cómo el sol aparece cada día menos y cómo la noche escupe macabras carcajadas. No habrá mentira que te lacere, ni amargura que torture, ni
soledad que te desangre, ni duda que te desvele, porque, niña querida, eres libre, ¡ERES LIBRE!
Más libre que el diente de león que se desprende de su flor, más libre que un río que no respeta los bordes, más libre que un huracán, más libre que una nube viajera, más libre aún que el ave más libre de todas, aquella que zurca el cielo sin pensarlo, guiándose solamente por su instinto y su hambre de libertad. Los pobrecitos somos nosotros, que aún respiramos la incertidumbre de la vida, que caminamos en la cuerda floja de la existencia donde un paso en falso define un final feliz de un final sombrío.
Salí del D.F. para decirte "hasta luego", sin sospechar lo difícil que sería, pero regreso con una sonrisa un tanto torcida, una mezcla de dolor y alegría, porque tú, dentro de tu inocente despedida nos dejas la mesa servida con verdades como puños, con sabias enseñanzas que seguramente nadie entenderá hoy, pero espero el tiempo nos ayude a digerirlas y de todas ellas, entiendo una como una promesa secreta que te hago en retribución de lo mucho que sin saberlo has sembrado en mi, y no solo por tu partida, también tu vida y lo que tu vida hizo de ti.
Ya de vuelta en casa, frente a la computadora donde escribo estas lineas, todo sigue pareciendo un sueño neblinoso, como si esperara que en unos días aparecieras y te contáramos de este frío lunes como algo que pasó y terminó sin consecuencias y tu, desde tu asiento, pondrás esa cara de incredulidad que tanto te gustaba poner en las fotos
En fin, decir más esta de más, lo reconozco, me dueles y mucho más de lo esperado, pero me dueles porque ahora tienes eso que todos queremos, dejar de vivir en el universo para ser el universo mismo.
Te imagino alzándote hacia la luz con el "na, na na" del "Hey Jude" de los Beatles de fondo.
Gracias por todo Sheryl, pequeña niña nuestra, te llevaré siempre en la memoria.

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