martes, 27 de agosto de 2013

Luces y sombras

Constantemente me pierdo de mi mismo, me escondo, me aparto, me abandono, y salgo al mundo completamente olvidado de mi. Avanzo, observo, respiro y me miro en los espejos sin poder mirarme, estoy y no estoy y sabrá algún dios sabio en donde me encuentro.

Pero este abandono termina cuando subo a un escenario, porque ahí, sobre de él, estoy yo, sentado, esperando por mi. ¿Quién se perdió entonces?, ¿aquél que me espera sobre el escenario o el ingenuo que escapó a un mundo gélido e infértil?

26 de agosto, es una fecha que le dió un sentido interesante a mi vida, porque mundialmente se festeja al actor, a la actriz, y al mismo tiempo, a las compañías enteras, y a mi, ¡cómo me gustaría ser actor!

Estos seres de luz y sombra que han entedido la frivolidad del cuerpo físico, y con esa humildad, se lo prestan al personaje que los requiera haciendo un milagro irrepetible en el que convergen fuerzas indescriptibles, rayos catódicos y un frenesí que hierve la sangre.

Nunca se vuelve a ser el mismo después de interpretar un papel, cada personaje queda grabado en el alma como un tatuaje permanente, como un sello postal que indica por donde se ha viajado.

Pero no solamente ellos sufren estos hallazgos, también aquellos que bajo el escenario viven y respiran el mismo aire que esos personajes "ficticios" que en ese momentos son mas reales que la realidad fuera del teatro, los espectadores que se permiten entregarse y se funden con los actores en un big bang que los mata y renace en cada función.

Las luces, el calor, el frío, las sombras, el sudor, la fuerza, el cansancio, los ensayos, la memoria, las sonrisas, el llanto, el drama, la comedia, los guiones, la música, las canciones, la vida, la muerte y los aplausos.

No hay muro que no se pueda romper, ni idioma que no se pueda interpretar, no hay límites y barreras, no hay rincón del alma que un actor no pueda acariciar.
Mis mejores amigos son actores, quizá por esa naturaleza volátil y camaleónica, o tal vez porque han entendido como yo, que la vida inicia y acaba al subir y bajar de un escenario.
¡Feliz día de las y los actores/actrices!

martes, 20 de agosto de 2013

De enero a diciembre (canción)

 








Me he dado por vencido de tantas derrotas
he vuelto a tropezar por meter el pie
me perdí los colores del arcoiris
por buscar el tesoro al final de él...

Te pido me perdones por las despedidas
en las que nunca compro el cheque del tren
más lástima me dan todas las mentiras
que tuvimos de ayuno por perder la fé...

Aprendí que el amor suele cegar el alma
¡y tan feliz que era por imaginar
que yo era libre al menos dentro de mi jaula!
pero con las alas rotas ¿quién quiere volar?

Y aprendí a vivir con la capa caída
a aguantar los humores del temporal
guardado en reposo de tu boca dormida
y en la sala de espera donde solía esperar...

Lluvia de ceniza, nieve color malva
balas de mentiras, besos de salva
sábados sin gloria, domingos de drama
orquestas sin batuta, bocas sin palabras...
copas de veneno, crímenes de guerra
truenos en el cielo, juicios sin sentencia
anillos y esclavas, facturas pendientes
y la cuesta de enero... de enero a diciembre.

Te absuelvo del pecado en que nos hicimos
también de aquellos que no podrán ser
quisiera haberte dado más que los enemigos
que éramos tu y yo desnudos al amanecer...

Y ahora que solo nos quedan las migajas
de un crudo corazón a medio comer
más vale ir definiendo todas las distancias
antes de apostar y perder la muerte también...

Olvidé el sabor del café caliente
y a hacernos del amor un arma nuclear
de esas que sobreviven solo los valientes
que no cierran los ojos cuando va a estallar...

Ya no se encontrarte entre las multitudes
ni en las notas del réquiem por esta nación
ni en los escombros que dejaron todos los derrumbes
ni en los sueños que invento en la habitación...

Certeza en el limbo, tacto de acero
me falta vino en el tintero
promesas rotas, años perdidos
naipes truqueados, lenguas con filo...
tierra quemada, sol con granizo
cuerdas arqueadas fuera de quicio
candados sin llave, pupilas con fiebre
Caín y su signo tatuado en la frente.

Lluvia de ceniza, nieve color malva
balas de mentiras, besos de salva
anillos y esclavas, facturas pendientes
y la cuesta de enero... de enero a diciembre.

jueves, 15 de agosto de 2013

El llanto del amanecer

Prendo otro cigarrillo con la colilla del anterior y observo el humo desintegranse camino al cielo, igual que haré yo. Cada bocanada es un breve ensayo de mi propia muerte.

La tetera anuncia el último café de la noche (o el primero del día, según se quiera ver) como el último tren da aviso de su partida y yo solo tengo dos opciones: olvidar el café, subir al tren y dormir un poco o beber el café con otro cigarro, mientras observo como el tren se convierte en un punto y con él se va otra noche sin dormir.

De cualquier forma no tengo mucho sueño, ni boleto para el tren. Además, su ruta dista mucho de algún lugar donde quiera pasar mis noches, al menos aquí tu recuerdo persiste.

Lo se, aquí tampoco estas pero se conservan tus vestigios, tu pipa, tus libros, tu taza y tu olvido, y con ellos me consuelo. De fondo, Elgar, escribiendo la partitura que no terminó nunca, el vertiginoso acorde de Serrano y Damien Rice dibujando un elefante.

No son tan malas estas madrugadas sin ti, de hecho, casi disfuto este dolor de no tenerte, este frío congelado en el tiempo desde que no estas, combina bien con el humo.

Ya se, ya se, a este ritmo me agotaré bien pronto, pero ¿cuanto más?, prefiero consumirme como una vela encendida, de golpe, sin pausas, como un incienso.

Te imagino, me imagino, nos imagino, como antes, cuando acudíamos al mismo sitio, a la misma hora, a construir un puente que cruzara de mi noche a la tuya para esperar el amanecer y ocultarnos de las sombras. Ahí estoy, justo en medio de ese puente, pero solo.

¿Cómo es posible que todo luzca igual?, ¿cómo puede ser que el aroma sea el mismo?, ¿porque no ha caído, ahora que no estas?, todo sigue igual como lo dejamos, solo que tu noche, ya no se encuentra al otro extemo.

Quiero llorar, pero no puedo, y me aferro al café como si fuera un poste en un huracán. De pronto,  un llanto que no es el mío me arrebata de este trance, por desgracia no eres tu, llorando de alegría por volver, es el hijo recien nacido del vecino de arriba, quien despierta a la misma hora, todos los días, tres minutos antes del amanecer.

Hay que preparar más café, que ya casi es hora del desayuno.

lunes, 12 de agosto de 2013

A rodar mientras se pueda

(Para la Jime)

La ciudad libra una feroz batalla contra una epidemia que amenaza su rutina y desafortunadamente, poco a poco, la ha disminuido a pequeños, casi inofensivos brotes que luchan por su supervivencia.

Usted quizá, alguna vez vio alguno de estos bichos; de cuerpo metálico, un cráneo con dos cuernos, uno de cada lado,  abdomen fuerte con una protuberancia leve en el lomo, un par de ruedas con las que andan, y algunos, con uno o dos ojos fijos, una garganta que timbra o exhala graznidos y un par de luces brillantes en su frente y en su rabo. Extraños animales que algunos "salvajes" aprendieron a domesticar para poder desplazarse. Su nombre: Bicicleta

La osadía de montar uno de estos monstruos se paga caro, pues, el mundo ya no guarda espacio para ellos.

Las calles, avenidas, glorietas y demás escenarios donde en tiempos añejos las bicicletas podían andar libres se han convertido en un campo de batalla, donde el ciclista siempre lleva las de perder, porque obviamente, el mundo moderno es para los autos, los motores, el combustible, el smog.

Un ciclista ya no puede andar tranquilo, porque a los ojos del salvaje río de concreto no vale demasiado, tiene que cuidarse constantemente de los depredadores que le acechan, de los caminos cerrados, y la velocidad. Ya ni siquiera uno puede elegir una bici hermosa, por miedo a ser secuestrada, uno debe conformarse con traer un cacharro, feo, jodido, anti-robo.

Pero ¿cómo es posible que la gente olvide esa sensación? La sensación de pedalear y sentir como se abandona el suelo, esa fusión a lo Avatar de James Cameron entre la bici y el individuo, la fuerza del aire chocando contra el cuerpo y ese poder inigualable de dejar los pulmones subiendo una pendiente para abandonarse al vacío al comenzar a descenderla.

Espero francamente que la ciudad sucumba al poder de las bicis, que no se acaben los caminos para dos ruedas. Si tu, que lees esto, tienes una de ellas olvidada en el garage; limpiala, arreglala y disfrútala, así como ella te disfruta a ti. Nada es mas triste que ver una bicicleta olvidada en la desgracia. Al salvarla, salvas también
a ese niño que te grita desde adentro.

sábado, 10 de agosto de 2013

De esta pesadilla ¿despertaré?

(Para los rentos de mi corazón)

Los 90's, nos dejaron como herencia un abanico de hallazgos, algunos más afortunados que otros, desde un rabioso y vulnerable "Curco Bein" hasta esos empalagosos merengues de Locomía, los imposibles juegos del Nintendo, Friends, las gemelas Olsen y la era dorada de los Simpsons, una gama de colores brillantes, la mejor música en inglés y el ocaso de la última generación que supo disfrutar de los amigos sin necesidad del internet.

Pero uno de esos hallazgos me fue completamente ajeno hasta hace unos cuantos meses; "Rent", así es, el refrito moderno de "La Bohéme" de Giacomo Puccini, ese mediano musical semi rockero chapado en drogas, sida, bohemia y amigos que no tienen una mínima idea de lo que quieren o hacia donde van.

He de confesar que nunca fui un gran seguidor de esta obra de Jonathan Larson, ni siquiera un seguidor mediano, es más, cuando mi hermano logró convencerme de ver la película, tuve suerte de no dormir a mitad del primer acto. Y es muy probable que mi indiferencia se debiera a mi aversión a los musicales, desde Disney los sufro (irónico para alguien que vive de hacer canciones).

Pero la vida da giros muy burlones, y justo a mi, el malencarado enemigo de los musicales "brodwerianos", vino a ponerme dentro de esta historia.

Sorpresivamente, a base de lecturas de guión, ensayos y ensayos de canciones, análisis de personajes y dosis altas de café y cigarros, pude encontrar pequeños tesoros dentro de esta historia, así como un explorador encuentra el santo grial en una caja de arena.

A mi parecer, muy en el trasfondo de este cuento neoyorkino, la fibra más interesante, es cómo todos los personajes viven rodeados por el velo de la muerte, están aquellos, los heridos por el sida, personajes consientes de su efímero paso por el mundo y su distinta perspectiva hacia ese doloroso final.

Porque ¿cuál es la postura correcta ante este facto?, ¿el miedo?, ¿la rabia?, ¿la tristeza?, ¿la derrota? y así esperar que la muerte venga, toque a la puerta y la dejemos pasar, como quien espera a un invitado o a un nuevo roomie, como un criminal espera a que las esposas lo lleven a la celda de la que nunca saldrá. O por el contrario, sentir la urgencia de vivir cada minuto como el último, dejar que la locura tome el control y elevar al máximo las experiencias, los placeres, la sublimación en el exceso, dejar que el corazón se entregue sin pensar en mañana.

Y es que, ¿será más fácil acaso aceptar el fin cuando nada te ata a este sitio por abandonar o cuando no existe alguna asignatura pendiente en tu lista de quehaceres?.

Pero también están aquellos que se quedan, los testigos de un entorno que se mueve, que se renueva, los malditos que ven caer y desaparecer a sus seres queridos (que también definen un poco lo que ellos son) así como quien mira como se derrumba el jardín donde jugaba con sus amigos dando paso a un centro comercial. Los que sufren, tal vez un poco más, porque se quedan, porque sobreviven, pero al mismo tiempo mueren varias veces.

Los que se van, se van y sólo viven en la memoria, pero se llevan un poco (o un mucho) de quien se queda; los que se quedan, son como una escultura rota, que sabe que al final de su propio relato, nadie asistirá a su entierro, nadie lo velará, porque todos se marcharon mucho antes. ¿Cómo aceptar un futuro impregnado en una soledad irremediable?

Hay quien se derrite por sus canciones, por sus historias de amor, sus chistes, la ilusión de belleza que dibuja "la vida bohemia", incluso toda la parafernalia detrás de esta puesta en escena, sin embargo, lo que más rescato yo es este choque de visiones, que parten de distinto sitio pero se estrellan en el mismo muro. La muerte nos rodea todo el tiempo. Incluso su autor lo reafirma, al morir una semana antes de su estreno.

Quizá me hubiera gustado ver más a fondo esta cuestión, sufrir con los personajes ese deterioro, físico y espiritual, esa desesperanza, ese temblor, esa sequía en la garganta, esa pequeñez humana ante lo que no puede controlar, esa mortalidad. Creo que le sobra un poco de romance y le falta más crudeza.

En conclusión, el buen Larson nos dió una historia llena de buenos matices, de vibrante música y personajes entrañables, pero quizá, lo maravilloso de Rent es lo que no se muestra directamente en escena, es todo ese dolor que se oculta detrás del escenario, ese crudo trasfondo que solo puede palparse si uno se permite ir mas allá de los bellos acordes, toda esa realidad que se oculta detrás de una frase en apariencia simple: "No day but today".

¡Gracias, Jonathan Larson!





viernes, 9 de agosto de 2013

Diávolo (canción)

Otra cama conquistada
otra presa devorada que se va sin mi,
otra lámpara encendida
cuatro botellas sin vida secas de elixir,
el sabor suyo en mi boca
se ahoga en un vaso de vodka, es mejor así
y de nuevo ya en la calle
donde no me espera nadie esperaré por mi.

Es quizá tara inmadura
ir en busca de aventuras y sobrevivir
a la sombra de una oscura
fría y cruda partitura que no quiero oír
si tú quieres un amante
con estilo y elegante lo puedo fingir
seré el caballero andante
de quien sea tan ignorante por creerlo así.

Sin embargo a últimas fechas
después que enciendo la mecha
no consigo, no preciso
estallar y dar la vuelta
a este capítulo tan obvio
donde aguardan mis demonios
incendiando el universo
cada vez que abro los ojos.

Cada vez, doy un paso más
lejos del umbral...
en donde por primera vez
te pude escuchar, te pude observar
exponiendo mis heridas
derrumbando mis heridas
dando luz y sombra a la verdad.

Soy un gemido al oído
un cobertor que quita el frío, un espasmo, un riff
una historia sin latidos
sin memoria ni apellidos, un encuentro, un desliz
un recuerdo innecesario
una herida en cada labio en el que dormí
soñando beberme el alba
en la espalda de una dama que ya no está ahí.

Sin embargo ya no puedo
seguir cultivando el miedo
de encontrarme vulnerable
cuando escape del espejo
este bicho infrahumano
que me tiene condenado
a incendiar el universo
cada vez que doy la mano, y...

Cada vez doy un paso mas
lejos del umbral en donde por primera vez
te pude encontrar, te pude escuchar
diciéndome que...
Cada vez doy un paso mas
lejos del umbral en donde por primera vez
te pude encontrar, te pude escuchar
diciéndome que...


Las Primeras Faenas


(Para Lau, gracias por animarme a abrir este pozo de los deseos)

Me he visto sumergido en un claro de muros, de columnas de papel y tinta, que cierran la vista al horizonte.

Las palabras que reposan en su cima esperan ser cantadas, tienen tanto que decir, tanto que contar, tanto tiempo, aguardando por su acorde azul que las rescate del anonimato, que la eleve más allá de donde la vista alcanza para lanzarse en caída libre contra la tierra fértil, y así no morir nunca.

Así es, tienen miedo de morir, porque esos muros no son eternos, son más vulnerables que altos, y el tiempo, el olvido y la lluvia los corroen, los disuelven en arena, que todos pisan pero nadie ve, nadie lee, nadie escucha, nadie vive ni respira; y cuanto sean abatidos, las palabras atadas a ellos sufrirán el mismo destino.

¿Qué haré cuando las palabras me abandonen?, podría construir nuevos muros, pero al final, igual que yo serán polvo y mis palabras silencio, lo que me remite a La Cuestión inhacible: nunca aprendí otro oficio que el de tejer palabras en canciones, pero si nadie las escucha, ¿qué será de mi cuando la tinta deje de fluir por mis venas?, ¿quién salvará mis escritos?, ¿a dónde van los versos?
Ya no se bien si lo que me preocupa más son las palabras nonatas o las palabras olvidadas.

No me gustan estos muros, porque son efímeros en si, así que puedes venir, de tanto en tanto, y llevarte una palabra, un verso, una plegaria, antes de que la oscuridad devore todo y este reino sea la tumba de las plegarias.