(A los renteros de mi corazón)
Hoy suena el último acorde, la última llamada, los últimos aplausos.
Hoy se encienden las últimas luces, se prenden las últimas fogatas, se cantan las últimas canciones.
Hoy mueren por última vez los caídos, respiran los sobrevivientes y se marchan los exiliados.
Hoy se abre por última vez el telón para resguardar del frío neoyorquino a un grupo de almas sentenciadas al destino que se trazaron con sus canciones, pero no nada más a ellos, también, es la última vez que un grupo de amigos, se congregan en el escenario donde construyeron su casa, donde se volvieron familia, donde siempre lo fueron sin saberlo siquiera.
Hoy no escribo ni por Larson, ni por Roger, ni por el "No day but today", hoy escribo por aquellos que, junto conmigo, entregaron durante tanto tiempo su aliento para materializar cada frase, cada nota, cada canto y se dejaron la piel en jirones en el escenario.
Ayer este viaje se veía lejano, largo, inacabable, de hecho, nadie pensaba en que este terminara, pero el tiempo es caprichoso y la dicha es efímera como la arena entre los dedos, y hoy, en un pestañeo, estamos a un paso de la mudanza, del "moving on", de ese camino ancho donde todos caminamos de la mano y hoy se rompe en muchos caminos individuales que van a destinos indescifrables.
Ayer, el mañana era lejano, mañana, el ayer será inmediato, hoy, sólo nos queda asegurar esa marca imborrable en la piel y el alma de cada uno de los involucrados, y cuidar con sangre que esas marcas no se borren de nuestra piel.
Hoy, hemos vencido al frío, al dolor, la soledad, el desamor, a las deudas, al silencio calcinante, pero más aún, hemos vencido al futuro, a la incertidumbre, a las causas y los azares y aquí estamos todos los que teníamos que estar.
Esto no es una despedida, nunca he sido bueno con ellas, simplemente, cuando mañana sea ayer, no quiero quedarme con las palabras secas que nunca se dijeron, y ya lo sabes, sin ti, nada sería posible.

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