jueves, 15 de agosto de 2013

El llanto del amanecer

Prendo otro cigarrillo con la colilla del anterior y observo el humo desintegranse camino al cielo, igual que haré yo. Cada bocanada es un breve ensayo de mi propia muerte.

La tetera anuncia el último café de la noche (o el primero del día, según se quiera ver) como el último tren da aviso de su partida y yo solo tengo dos opciones: olvidar el café, subir al tren y dormir un poco o beber el café con otro cigarro, mientras observo como el tren se convierte en un punto y con él se va otra noche sin dormir.

De cualquier forma no tengo mucho sueño, ni boleto para el tren. Además, su ruta dista mucho de algún lugar donde quiera pasar mis noches, al menos aquí tu recuerdo persiste.

Lo se, aquí tampoco estas pero se conservan tus vestigios, tu pipa, tus libros, tu taza y tu olvido, y con ellos me consuelo. De fondo, Elgar, escribiendo la partitura que no terminó nunca, el vertiginoso acorde de Serrano y Damien Rice dibujando un elefante.

No son tan malas estas madrugadas sin ti, de hecho, casi disfuto este dolor de no tenerte, este frío congelado en el tiempo desde que no estas, combina bien con el humo.

Ya se, ya se, a este ritmo me agotaré bien pronto, pero ¿cuanto más?, prefiero consumirme como una vela encendida, de golpe, sin pausas, como un incienso.

Te imagino, me imagino, nos imagino, como antes, cuando acudíamos al mismo sitio, a la misma hora, a construir un puente que cruzara de mi noche a la tuya para esperar el amanecer y ocultarnos de las sombras. Ahí estoy, justo en medio de ese puente, pero solo.

¿Cómo es posible que todo luzca igual?, ¿cómo puede ser que el aroma sea el mismo?, ¿porque no ha caído, ahora que no estas?, todo sigue igual como lo dejamos, solo que tu noche, ya no se encuentra al otro extemo.

Quiero llorar, pero no puedo, y me aferro al café como si fuera un poste en un huracán. De pronto,  un llanto que no es el mío me arrebata de este trance, por desgracia no eres tu, llorando de alegría por volver, es el hijo recien nacido del vecino de arriba, quien despierta a la misma hora, todos los días, tres minutos antes del amanecer.

Hay que preparar más café, que ya casi es hora del desayuno.

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